Tauro en la vida cotidiana
Entre el 21 de abril y el 20 de mayo el Sol está en Tauro. Quien nace en ese tramo pasa por tranquilo, fiable y algo terco, y con eso el cajón vuelve a quedar cerrado. Esta página lo abre otra vez y mira cómo se nota el signo en la vida cotidiana: en el ritmo, en el amor, en el trabajo y el dinero, en las discusiones.
La estación de la que viene el signo
Los signos del zodiaco se entienden a partir del curso del año. El Aries anterior es el arranque, el primer brote que atraviesa la tierra fría. Con Tauro la primavera ya ha llegado: ya no solo florece, crece. Los días son largos, las noches templadas, todo gana masa.
El signo describe entonces la fase en que un comienzo se vuelve sustancia. No empezar, sino conservar, ampliar, dejar madurar. Quien tiene eso en la cabeza entiende por sí solo la mayoría de las particularidades, sin tener que aprenderlas una por una. Cómo se establece esta atribución lo muestra la página sobre los cuatro elementos.
Ritmo, costumbre y sentidos
Lo más llamativo es el ritmo. Una persona Tauro no decide despacio por ser corta de entendederas, sino porque solo toma una decisión cuando además puede sostenerla. Una vez tomada, en cambio, aguanta. Desde fuera lo primero parece vacilación y lo segundo terquedad; desde dentro es una sola y misma cualidad.
A eso se suma el papel de la costumbre. El mismo sitio de siempre, la misma clase de café, el paseo siempre la misma vuelta. No es falta de imaginación, sino una manera de ahorrar fuerzas: lo que sigue igual no hay que volver a negociarlo. Y mucho pasa por los sentidos, por la comida, las telas, la música, el calor, los olores, el jardín. Una tarde que huele bien y sabe bien pesa aquí más que un plan emocionante.
En el amor
En las relaciones Tauro es más corredor de fondo que velocista. El cortejo se alarga, quedarse no cuesta. El afecto pocas veces se expresa con grandes palabras y sí en lo tangible: se cocina, se arregla, se piensa por adelantado, se recoge a la gente y se queda grabado lo que mencionaste de pasada hace un año. Quien espera declaraciones lo pasa por alto con facilidad.
La otra cara se llama afán de posesión. Quien saca su seguridad de la constancia confunde pronto retener con vínculo y reacciona con susceptibilidad en cuanto algo cambia sin él. Aquí los celos rara vez llegan en voz alta, se muestran como un control callado. Lo que ayuda es el aviso previo: el problema no es el cambio en sí, sino la sorpresa.
El trabajo y el dinero
En el oficio la fuerza está en la duración. Un Tauro lleva hasta el final lo que ha empezado, aunque el entusiasmo se haya evaporado hace mucho. Son las personas en las que se confía cuando un proyecto se vuelve poco vistoso al tercer mes y todos los demás miran ya de reojo al siguiente. Para el sprint rápido, la replanificación constante y el trabajo sin un marco fijo, en cambio, el signo sirve de poco y un entorno que exige justo eso le desgasta las fuerzas.
Con el dinero se dan las dos caras: el ahorro y la previsión por un lado, una marcada inclinación por el objeto bello por el otro. El motivo detrás no es la tacañería, sino la seguridad. Las reservas son menos una cifra que una condición de sosiego. Donde eso se convierte en miedo, cada pequeño gasto se vuelve una cuestión de principios y entonces el propio ahorro se hace carga.
En las discusiones y ante los cambios
Discutir no le gusta aquí casi a nadie. Las desavenencias se aguantan hasta que ya no se puede más y entonces sale de golpe y muy claro lo que se ha ido acumulando durante meses. Quien conoce ese punto hace mejor en hablar pronto de las cosas pequeñas, con calma y sin público. Los argumentos bajo la presión del tiempo no hacen efecto, el tiempo en cambio sí.
Con los cambios mayores vale lo mismo a lo grande. Una mudanza, un cambio de empleo, una ciudad nueva cuestan aquí bastante más fuerzas que en cualquier otro punto del zodiaco. Eso no quiere decir que no se pueda. Quiere decir que hace falta preparación y algo que vaya con uno y siga igual: los mismos muebles, la misma rutina de la mañana, la misma persona al teléfono.
Si naciste en el borde del periodo
El Sol no pasa al siguiente signo el mismo día ni a la misma hora todos los años; el paso se desplaza de un año a otro en torno a un día. Quien vino al mundo el 20, el 21 o el 22 de abril debería por eso hacer que se lo calculen, en vez de fiarse de una tabla de revista. En el otro extremo, hacia el 20 de mayo, vale lo mismo. Hablar de «nacido en la frontera» y contarse a la vez en dos signos no lleva más lejos: en cada momento el Sol está en exactamente un signo, solo hay que mirarlo.
E incluso una vez aclarado eso, el signo sigue siendo un color de fondo y no un cuadro terminado. Dos personas con el Sol en Tauro pueden diferenciarse mucho sin que ninguna de las dos sea un mal ejemplo: en uno todo eso queda a la vista, en la otra se muestra solo en las horas tranquilas. Los otros once signos los encuentras en la visión de conjunto de los signos del zodiaco, y todo lo demás que consta en una hoja así está en los horóscopos.