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Nostradamus: lo que dicen realmente las Centurias

Michel de Nostredame (1503–1566) fue médico, boticario y autor de almanaques. Sus Prophéties aparecieron a partir de 1555 y constan de unas mil estrofas de cuatro versos, ordenadas en grupos de cien — las Centurias.

Cómo están construidos los textos

Cada estrofa tiene cuatro versos. La lengua es un francés medio salpicado de latín, provenzal, griego y palabras al parecer inventadas; los anagramas y las palabras deformadas son frecuentes. No hay ningún orden cronológico — las estrofas no van en el orden en que deberían cumplirse y casi nunca mencionan una fecha.

Estas tres características — lengua oscura, ningún orden, ninguna fecha — determinan todo lo demás.

Por qué funciona cualquier interpretación

Con mil estrofas sin orden y sin fecha, para cualquier acontecimiento de la historia se encuentra una que encaja. No es un reproche a Nostradamus, sino una propiedad de la masa de texto: con suficientes afirmaciones ambiguas, el acierto está garantizado.

A esto se añade la traducción. Una palabra del francés medio con varios sentidos queda fijada en uno solo al trasladarla — y quien la fija ya sabe a qué debe ajustarse el verso. El caso más conocido es el topónimo «Hister», que en las fuentes de la época designa el curso bajo del Danubio y que en el siglo XX se reinterpretó como nombre de persona.

La única piedra de toque

Una predicción vale algo cuando su interpretación queda fijada antes del acontecimiento.

Eso es justamente lo que falta. Prácticamente todos los aciertos conocidos se atribuyeron después del acontecimiento. Las pocas veces en que alguien relacionó de antemano una estrofa con un acontecimiento futuro concreto, la predicción no se cumplió — los acontecimientos anunciados para 1999 son el ejemplo más conocido, y uno de los pocos en que el propio texto menciona un año.

Lo que Nostradamus hizo realmente

Fue un hombre bien formado de su tiempo y trabajó con los medios de entonces: almanaques, predicciones astrológicas anuales, la doctrina de las grandes conjunciones. En vida, su fama se apoyaba en esos almanaques anuales, no en las Centurias.

Como testimonio de la práctica del siglo XVI, los textos son interesantes. Como predicciones, no resisten el único criterio que cuenta para una predicción.

Véase también: Edgar Cayce y la profecía del siglo XX — la misma pregunta, mejores fuentes.